Cuentan que hace muchos años murió un sabio rabino llamado Mokshe, venerado por todos los que lo trataban.

 Una de las personalidades que vino a su sepelio se acercó a uno de los discípulos y le preguntó:

– “¿A que le concedía tu maestro mayor importancia?  

– “A lo que estuviera haciendo en ese momento”.

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