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Para los inconformes

Muchas veces no aprecias lo que tienes o te quejas más de la cuenta porque sueñas con la perfección. Eres como el campesino irritado que fue donde el cura del pueblo y le dijo que ya no soportaba más. La suegra estaba en su casa que era pequeña y, según él, se había acabado la paz del hogar. El padre le dijo que, aunque le pareciera extraño, metiera dos cabras en su casa por unos días.

 El campesino volvió después más ansioso que antes y el padre le rogó que también entrara a la casa dos cerdos. El buen hombre pensó que el cura estaba fuera de sus cabales, pero hizo caso y, a la semana, regresó a punto de enloquecer. Entonces el sacerdote le dijo que regresara a su hogar, sacara los animales y aseara bien la casa. Al otro día el campesino dijo sonriente: Gracias, padrecito, finalmente volvió la tranquilidad a mi maravilloso hogar.

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